La importancia del benchmarking en la evaluación del desempeño financiero de una empresa
De la Teoría a la Acción | Capítulo #13
En EXANTE frecuentemente acompañamos a empresas que atraviesan procesos de expansión, esto es, negocios que pasaron la etapa inicial y comienzan a escalar su modelo. Valuarlas presenta un desafío particular, porque crecer no siempre significa valer más. El crecimiento acelera los flujos, pero también incrementa la incertidumbre.
Como señala el profesor Aswath Damodaran, referente mundial en temas de valuación, valuar una empresa en expansión no consiste simplemente en “hacer crecer el modelo existente”, sino en repensar i) cómo se construyen los flujos de caja; ii) cómo se mide el riesgo y iii) cómo se incorpora la probabilidad de éxito.
En esta etapa, normalmente el negocio cambia de escala, pero también de nivel de incertidumbre. En estos casos, la valuación bajo el método de Descuento de Flujos de Caja (DFC) descrito en el Capítulo #5 de este newsletter, Valuación de Empresas: Enfoques más utilizados y cuándo aplicarlos, sigue siendo la herramienta más sólida para estimar el valor económico real, siempre que se aplique con rigor y consistencia. El desafío no es evitar la complejidad, sino descomponerla sistemáticamente para construir una valuación defendible y libre de sesgos.
En este artículo presentamos algunas claves para abordar la valuación de empresas en proceso de expansión, explicando cómo se deben repensar las tres variables críticas - cómo deben construirse los flujos de caja, cómo se debe medir el riesgo y cómo se debe incorporar la probabilidad de éxito -. Además, se detallan los errores más comunes en el proceso de valuación y se resumen los principales factores que afectan el valor de un negocio en crecimiento.
Los resultados contables en general no reflejan el valor económico de un negocio en marcha. La contabilidad mide el desempeño histórico bajo criterios normativos, mientras que la valuación busca estimar la capacidad futura de generación de valor.
Esta brecha se amplifica en el caso de empresas en crecimiento o expansión, donde las cifras que surgen de los Estados Financieros pueden mostrar un desempeño positivo pero que no captura plenamente el potencial económico asociado al crecimiento proyectado. El motivo es doble: por un lado, gran parte del esfuerzo económico se reconoce como gasto —no como inversión—, especialmente en rubros como desarrollo comercial, capital humano o I+D; y por otro, la información histórica no refleja aún los retornos esperados de las inversiones en curso ni el cambio de escala que se producirá en los próximos años.
Por eso, en estas compañías el foco debe desplazarse desde el resultado contable hacia la generación de flujos de efectivo sostenibles una vez cubiertos los costos del crecimiento.
Para ello, Damodaran propone dos enfoques complementarios para estimar la generación de flujos futuros:
Parte del mercado potencial y estima la cuota esperada, los márgenes y la reinversión necesaria para sostener el crecimiento:
Este enfoque parte de la capacidad instalada o la inversión inicial y asciende hacia las ventas y los flujos de caja. Resulta más apropiado para negocios con restricciones de capital o dependientes de una persona clave.
Para su aplicación, es necesario: estimar la inversión necesaria, calcular ventas por unidad, definir costos operativos, impuestos y reinversiones futuras para sostener la capacidad.
Generalmente bajo este enfoque se tiende a generar estimaciones de flujos más conservadores pero realistas, ya que parte de la capacidad física y financiera disponible.
En ambos casos, la clave es mantener la coherencia entre las proyecciones: un crecimiento alto exige reinversión alta, y el crecimiento sin capital suficiente es un supuesto inconsistente.
Como se explicó en el Capítulo #5 de este newsletter, Valuación de Empresas: Enfoques más utilizados y cuándo aplicarlos, la aplicación del enfoque de ingresos para valuar una empresa incluye no sólo la estimación de los flujos de caja esperados sino también la conversión de estos flujos de efectivo a valor presente a través de una tasa de descuento. La tasa de descuento seleccionada debe incorporar un rendimiento adecuado para el valor temporal del dinero, la tasa esperada de inflación (si los flujos se elaboran en términos corrientes) y los riesgos específicos asociados al negocio en particular (la incertidumbre del futuro).
En empresas maduras, el riesgo o incertidumbre del futuro tiende a ser estable; pero en empresas en expansión, el riesgo evoluciona junto con el negocio. Aplicar una tasa promedio del sector o mantener una tasa constante a lo largo del horizonte proyectado suele llevar a conclusiones erróneas: el riesgo no es lineal.
Durante las etapas iniciales de crecimiento, los flujos de caja son más volátiles, la información financiera es limitada y la dependencia de ciertos clientes, productos o personas clave es alta. A medida que la empresa se consolida —diversifica ingresos, mejora su posición competitiva y accede a financiamiento más barato—, el riesgo disminuye. Por eso, el costo de capital debería modelarse como una variable dinámica, que refleje esa transición.
Para ello, Damodaran sugiere un proceso en etapas:
En síntesis, un enfoque de tasa única tiende a sobrerrepresentar el riesgo en etapas maduras y subestimarlo en etapas tempranas. Modelar el costo de capital como una curva descendente —de un nivel alto inicial hacia una tasa más estable a largo plazo— permite capturar mejor la realidad del proceso de expansión y evita distorsiones al calcular el valor terminal.
Como se repasó en el Capítulo #7, Valuación de Empresas: La importancia de la estimación del valor terminal, —y particularmente en empresas en expansión— el valor terminal concentra una proporción muy significativa del valor total estimado. Es, en esencia, la traducción al presente de las expectativas sobre la etapa madura del negocio.
Sin embargo, su cálculo suele ser uno de los puntos más sensibles y, al mismo tiempo, más simplificados en la práctica.
Usar múltiplos arbitrarios de salida (por ejemplo, EV/EBITDA sectorial) puede ser razonable como referencia, pero no sustituye el análisis económico de largo plazo que exige un modelo de flujos de fondos descontados (DFC).
El enfoque más riguroso es el modelo de crecimiento perpetuo, que proyecta los flujos de caja hasta que la empresa alcance un estado estable —es decir, cuando su crecimiento converge al de la economía o al del sector.
Para que ese supuesto sea defendible, deben cumplirse tres condiciones básicas:
En otros casos —por ejemplo, cuando el horizonte económico del negocio es limitado o el modelo de expansión tiene un fin previsible— puede aplicarse un modelo de vida finita, donde el valor terminal se define a partir de los flujos hasta la fecha estimada de cierre o desinversión. También puede recurrirse a un valor de liquidación si se prevé que los activos se venderán o desmantelarán.
Ahora bien, en compañías en expansión o de alto crecimiento, no alcanza con estimar un valor terminal: es necesario ajustarlo por la probabilidad de éxito.
Incorporar la probabilidad de supervivencia permite distinguir entre dos tipos de riesgo que a menudo se confunden:
El tratamiento más transparente consiste en un modelo de dos etapas:
Valor esperado = Valor como empresa en marcha × (1 – Probabilidad de fallo) + Valor de liquidación × Probabilidad de fallo
Este ajuste conserva la lógica del DFC y evita inflar artificialmente la tasa de descuento para “absorber” riesgos que no corresponden. Además, permite incorporar escenarios alternativos de forma explícita, lo que mejora la trazabilidad del modelo y su capacidad de resistir el análisis de terceros.
En definitiva, un valor terminal bien estimado —y correctamente ajustado por supervivencia— no es una extrapolación optimista, sino el resultado de conectar la historia del crecimiento con una etapa madura plausible y cuantificable.
En empresas en expansión, la diferencia entre una valuación rigurosa y una sobrevalorada suele residir precisamente en cómo se trata este punto.
El enfoque sistemático del DFC previene errores frecuentes que distorsionan las valuaciones de empresas jóvenes o en expansión:
En suma, el DCF obliga a una consistencia interna: cada supuesto tiene su contrapartida financiera y operativa.
En la práctica, principalmente tres elementos tienden a presionar a la baja el valor de un negocio en expansión:
A esto se suman factores secundarios como iliquidez, dependencia de personas clave, concentración de clientes/productos y restricciones de capital que dilatan la captura efectiva de retornos. Un modelo intrínseco riguroso hace visibles estas fuerzas y evita sobreestimar el valor.
La valuación de empresas en expansión exige una mirada que combine rigor técnico, criterio profesional y comprensión estratégica del negocio. No alcanza con dominar las fórmulas: el verdadero desafío está en interpretar la historia y las expectativas de futuro de la empresa y traducirla en supuestos coherentes, defendibles y consistentes entre sí.
Un proceso sólido debe verificar la consistencia entre crecimiento, reinversión y rentabilidad (ROIC), aplicar un costo de capital dinámico que evolucione con el riesgo, estimar un valor terminal realista y distinguir entre riesgo operativo y riesgo de supervivencia.
En última instancia, valuar expansión es valuar transición: es estimar el valor de una historia que todavía se está escribiendo. El objetivo no es proyectar optimismo, sino traducir la incertidumbre en información cuantificable, apoyada en datos y criterios que resistan el análisis crítico.
En EXANTE ayudamos a nuestros clientes a transformar esa complejidad en decisiones de valor. Nuestro enfoque combina experiencia en valuación de empresas, modelización financiera y visión estratégica, para acompañar empresas que crecen y necesitan entender cuánto valen, qué valor económico aportan sus decisiones al negocio y por qué.