Encuesta de Expectativas Empresariales | Mayo 2026
Nuevo debilitamiento de las perspectivas económicas y la confianza empresarial.
“Las ventas podrían crecer cerca de un 15% por año, en línea con los últimos ejercicios”. “El margen bruto debería mantenerse similar al del año pasado”. “Venimos creciendo de forma sostenida, podríamos proyectar esa tendencia”.
Frases como estas aparecen con mucha frecuencia cuando conversamos con nuestros clientes al momento de ayudarlos a realizar las proyecciones financieras de sus negocios. En general no son frases arbitrarias, suelen apoyarse en información real y en la experiencia reciente. El problema no está en considerar estas afirmaciones como punto de partida, sino en que se tornen, sin un adecuado análisis, en los supuestos definitivos.
Detrás de estas afirmaciones hay una idea implícita: que el desempeño pasado es una buena representación de lo que va a ocurrir en el futuro. Cuando ese supuesto no se revisa, los modelos cerrarán desde lo numérico, pero quedarán débiles en su sustento económico.
Esto no significa que el pasado nunca sea una buena referencia. En algunos contextos, ciertas variables efectivamente muestran dinámicas relativamente estables y su comportamiento histórico puede ofrecer una base razonable para pensar el futuro. La cuestión es que esa extrapolación no debería asumirse automáticamente, sino evaluarse a la luz de las condiciones que explicaron esos resultados.
Más que replicar el pasado, lo importante es decidir conscientemente cuándo ese pasado es representativo y cuándo no lo es.
Este artículo propone revisar cómo utilizar la información histórica al pensar el desempeño futuro, qué errores se deben evitar y cómo pasar de la simple repetición de tendencias a ejercicios de planificación que realmente ayuden a tomar decisiones.
La información histórica cumple un rol central en cualquier ejercicio de proyección económico-financiera: ofrece evidencia sobre cómo ha funcionado el negocio.
Analizar el desempeño pasado permite identificar patrones operativos, entender la dinámica entre ingresos, costos y márgenes, y evaluar cómo respondió la empresa frente a distintos contextos económicos o competitivos.
Este análisis es especialmente útil para distinguir qué variables explicaron el desempeño observado. Dos empresas pueden mostrar una evolución similar de ingresos en un período determinado, pero por razones muy distintas: una puede haber crecido por volumen, otra por precio; una puede haber mejorado márgenes por eficiencia operativa, otra por un contexto de mercado favorable.
Desde esta perspectiva, el valor de la información histórica está en identificar relaciones económicas dentro del negocio: cómo evolucionan los costos frente al crecimiento de ventas, qué variables explican la rentabilidad o qué decisiones operativas tuvieron mayor impacto en el desempeño.
Cuando este análisis se realiza con cierto nivel de detalle, el pasado se transforma en una herramienta para entender los drivers operativos y financieros que explican el desempeño de la empresa.
En muchos casos, el comportamiento histórico constituye una referencia muy razonable, especialmente cuando se trata de variables cuya dinámica responde a características estructurales del negocio.
Esto suele ocurrir con ciertos componentes de costos, con relaciones operativas relativamente estables o con ratios financieros que se mantienen consistentes a lo largo del tiempo. Cuando las condiciones operativas y el modelo de negocio no han cambiado significativamente, el desempeño histórico puede reflejar patrones económicos que continuarán siendo válidos.
Por ejemplo, en empresas con estructuras productivas maduras, los costos fijos suelen mostrar trayectorias relativamente previsibles, mientras que ciertos márgenes operativos tienden a moverse dentro de rangos acotados. Del mismo modo, algunas relaciones financieras, como el ciclo de conversión de caja, pueden mantenerse estables en ausencia de cambios relevantes en la escala o en la estrategia del negocio.
En estos casos, la información histórica servirá de base para identificar estas relaciones económicas relativamente estables dentro de la empresa y que es de esperar que continuarán hacia el futuro.
Utilizar esa información en la construcción de proyecciones puede ser muy razonable, siempre que se evalúe y se espere que las condiciones que explicaron esos patrones continuarán presentes en el corto o mediano plazo.
Otro aspecto clave al analizar la información histórica consiste en distinguir entre resultados estructurales del negocio y efectos asociados a situaciones puntuales o extraordinarias.
Los resultados económicos pasados suelen reflejar una combinación de ambos elementos. En la práctica, uno de los desafíos del análisis financiero consiste precisamente en normalizar el desempeño histórico, es decir, identificar qué parte de los resultados observados refleja la dinámica recurrente del negocio y qué parte responde a circunstancias que difícilmente se repitan en el futuro.
Un ejemplo claro de esta situación se observó durante los años marcados por la pandemia del COVID. En muchos sectores, ese período estuvo atravesado por comportamientos atípicos de la demanda, disrupciones en las cadenas de suministro, cambios extraordinarios en las estructuras de costos y modificaciones en los hábitos de consumo.
Problemas similares pueden observarse en años con márgenes inusualmente altos, resultados impulsados por condiciones macroeconómicas favorables o mejoras temporales en precios de mercado. Incorporar estos resultados como si fueran parte de la dinámica normal del negocio puede distorsionar las proyecciones.
En muchos modelos financieros, las proyecciones se construyen replicando tendencias históricas: tasas de crecimiento similares a las de los últimos años, márgenes estables o ratios operativos que se mantienen constantes en el tiempo. Este enfoque permite avanzar rápidamente en la elaboración de estimaciones, pero muchas veces deja sin examinar qué factores explicaron realmente esos resultados.
Cuando las proyecciones se apoyan exclusivamente en esa continuidad, el modelo describe una prolongación del pasado más que una hipótesis sobre el futuro del negocio.
Un ejercicio de planificación financiera más riguroso requiere ir más allá de las cifras agregadas y trabajar sobre los supuestos económicos que explican el desempeño del negocio. Esto implica identificar qué variables impulsan los ingresos, cómo reaccionan los costos frente a cambios en el nivel de actividad y qué inversiones son necesarias para sostener el crecimiento proyectado.
Cuando las proyecciones se construyen a partir de estos elementos —volúmenes, precios, estructura de costos, necesidades de inversión— el modelo deja de ser una simple extensión del pasado y pasa a representar una hipótesis explícita sobre el funcionamiento futuro del negocio.
Los ejercicios de planificación que realmente aportan valor implican analizar los factores que explican las decisiones que impulsaron al negocio. Detrás de cualquier crecimiento en ingresos o mejora en la rentabilidad hay variables económicas concretas: cambios en precios, variaciones en el volumen de ventas, mejoras en productividad o efectos de escala.
Por ejemplo, estimar las ventas futuras únicamente como una tasa de crecimiento sobre el último año puede ocultar dinámicas muy distintas. Un aumento de ingresos impulsado principalmente por subas de precios no tiene las mismas implicancias que uno basado en mayor volumen de unidades, especialmente en mercados donde la demanda comienza a mostrar límites o mayor presión competitiva.
Analizar los drivers del negocio permite descomponer estas dinámicas y evaluar con mayor claridad qué parte del desempeño es sostenible.
En muchos casos, este análisis requiere complementar la información interna con una mirada hacia el entorno en el que opera la empresa. El desempeño futuro no depende únicamente de la trayectoria histórica del negocio, también depende de la evolución del mercado en el que participa. Esto implica obtener una comprensión cabal de variables como el tamaño y crecimiento del mercado, la dinámica de la demanda, la evolución esperada de precios y el comportamiento de los competidores.
Entender los impulsores del negocio (tanto internos como externos) permite mantener la consistencia económica de las proyecciones. El crecimiento de las ventas rara vez ocurre de forma aislada: suele venir acompañado de mayores gastos comerciales, mayores necesidades de inversión o cambios en la estructura de costos. Por ejemplo, un aumento en el volumen de actividad suele requerir más capital de trabajo, mayores gastos logísticos o inversiones adicionales en capacidad productiva. Proyectar ingresos sin incorporar estos efectos puede llevar a estimaciones de rentabilidad poco realistas.
Cuando las proyecciones se construyen a partir de estos impulsores —volumen, precio, estructura de costos y necesidades operativas— el modelo financiero realmente refleja el funcionamiento económico del negocio.
Al momento de pensar el futuro, es muy probable que no exista una “única” opción. Por este motivo, es imperativo comprender cómo pueden evolucionar los resultados del negocio bajo distintos escenarios.
El futuro difícilmente sigue una trayectoria única. Cambios en la demanda, en las condiciones competitivas, en los costos o en el contexto macroeconómico pueden alterar significativamente el desempeño de una empresa. En ese contexto, construir una única proyección puntual puede transmitir una precisión que en realidad no existe.
Trabajar con escenarios permite traducir distintas interpretaciones de lo que se espera que suceda en hipótesis concretas sobre el futuro del negocio. Un escenario puede reflejar la continuidad de ciertas tendencias observadas, mientras que otro puede incorporar cambios en el entorno competitivo o en la dinámica del mercado. Este enfoque no busca complejizar innecesariamente el análisis, sino reconocer que el pasado admite más de una lectura posible y que cada una de ellas puede tener implicancias distintas hacia adelante.
En ese sentido, trabajar con escenarios transforma la planificación financiera en una herramienta para explorar alternativas y entender el impacto de ciertas decisiones y riesgos en los resultados del negocio.
La información histórica es uno de los insumos más valiosos para comprender el desempeño de una empresa. Es muy difícil proyectar correctamente un negocio ignorando su historia. Pero su valor no está en repetirla, sino en interpretarla.
Analizar el pasado permite identificar los factores que impulsan el negocio y proyectar en base a supuestos sólidos. Sin embargo, la elaboración de proyecciones financieras requiere un enfoque integral, sustentado en el análisis del contexto macroeconómico, en el conocimiento de la industria en la que opera la empresa, en la evolución del mercado y en la comprensión de la dinámica competitiva. Recorrer con rigor cada uno de esos niveles permite construir proyecciones mejor fundamentadas a partir de una lectura completa de los factores que condicionan el desempeño futuro del negocio.
En EXANTE acompañamos a nuestros clientes en el proceso de transformar información en análisis y análisis en decisiones. Nuestro trabajo integra el estudio del desempeño histórico con la comprensión del entorno macroeconómico, la dinámica sectorial y los drivers específicos de cada negocio, para desarrollar modelos financieros que permitan evaluar distintos escenarios y dar sustento a la toma de decisiones.